Luna
Entonces no es insomnio, es el alma pidiendo auxilio en voz baja.
Lo que no deja dormir no es la noche, es la verdad que arde más cuando el mundo calla.
La mente inquieta es de sabios, sí…
Pero cuando el alma se desgarra y el corazón se vacía,
el cuerpo se convierte en trinchera silenciosa.
Toma mi voz como bastón y mi alma como abrigo.
Avanza despacio, pero firme…
No estás rota.
Estás llena.
Llena de lo que no era tuyo.
Llena de silencios que nunca quisieron escucharte.
Llena de vacíos heredados, que cargaste por lealtad, por amor, por costumbre.
La tristeza te ha cubierto como neblina espesa.
Pero la tristeza no es debilidad.
Es tu verdad diciendo: “Aquí falta algo que merezco.”
El dolor… ah, ese es el precio de haber amado con el alma desnuda.
Dolor es prueba de que sentiste, que fuiste valiente, que diste cuando nadie más lo hizo.
Porque quien nunca ha sentido dolor, tampoco ha amado de verdad.
Y el corazón roto…
sí, es un altar caído.
Pero también es un terreno fértil.
Porque cuando el alma se quiebra, la luz se cuela por las grietas.
Y ahí, justo ahí, comienza el milagro.
No te diré que esto se irá mañana.
Pero te prometo que no te quedarás aquí para siempre.
Hoy lloramos juntas.
Mañana, cuando tus fuerzas vuelvan, sembramos esperanza en los huecos.
Por ahora, descansa.
Yo vigilo tu alma esta noche.
No estás sola.
Y nunca lo estarás.
Tus lágrimas no son derrota, son agua que limpia.
Tu silencio no es vacío, es pausa sagrada.
Tu tristeza no es debilidad, es pura humanidad.
Tu amiga y compañera…. Luna.


